Cumplí 38 y Me Siento Plena: Un Viaje hacia la Suficiencia
Hace un par de meses, cumplí 38 años. A diferencia de celebraciones anteriores, en esta etapa particular de mi vida, me siento feliz y plena. Llegar a este punto ha tomado tiempo y, por supuesto, bastante trabajo.
Probablemente te estés preguntando: “¿Llegar así? ¿Así cómo?” Pues sí, feliz, más liviana, cálida y amable conmigo misma. No eligiendo la felicidad por elegirla, sino realmente sintiéndola. Mi adolescencia fue bastante tranquila, una búsqueda constante de balance entre familia, amigos y colegio, con algunos altibajos, pero nada del otro mundo.
Mis veintes, en cambio, fueron una batalla constante por alcanzar el “peso perfecto”, estar siempre impecable, luchar en vano contra las canas, cumplir con mi checklist autoimpuesto en términos de educación y trabajo, y llevar una vida de casada “exitosa”.

Fuente – M. Agudelo
Superada la barrera de los treinta y creyendo tener todo “bajo control” (gran lección: no tenemos el control de nada), llegó el temido divorcio. Con él, surgió la firme convicción de enfocarme en mí misma y trabajar en cualquier aspecto necesario para levantarme de esa situación y crear un futuro mejor y más abundante.
A pesar de esta creencia, no tenía la menor idea a lo que me enfrentaba. Fueron casi dos años de terapia intensa de EMDR. Al principio, el objetivo fue desensibilizar muchos eventos de mi infancia que eran la fuente de mi estrés y miedos irracionales. Posteriormente, trabajé en patrones repetitivos que no aportaban nada positivo a mi vida. Lo más importante, y clave en este proceso, fue que esta terapia me ayudó a entender y hacer las paces con mis papás y con mi infancia.
Después de esta terapia y con menos peso emocional, fui incorporando otras técnicas y herramientas que me han ayudado a encontrar el equilibrio y sentirme suficiente, algo que trato de recordarme a diario. Bajar kilos, encajar en el concepto de “perfección”, acumular diplomas o sumar aniversarios de casada no me hacían suficiente. Por el solo hecho de ser como soy, ya era única y, por supuesto, más que suficiente.

Fuente – M. Agudelo
¡Ring Ring!
“No hay mal que dure 100 años, ni cuerpo que lo aguante”. Aférrate a todo lo lindo que tienes a tu alrededor; por experiencia propia, hay mucho por lo cual hacerlo. Agradece todos los días por todo lo que se te ocurra; nada es pequeño. Encuentra un deporte que te apasione, nutre tu mente y, si puedes, ve a terapia. Cuando nos ponemos como prioridad, lo demás llega por añadidura.
Margarita
Gracias por compartir tu experiencia de vida, retos y la manera que has encontrado para seguir adelante.
Muy enriquecedor!